
Pareciera que hemos retrocedido en el tiempo, específicamente a la Edad Media y el Renacimiento, cuando los monjes realizaban cirugías a las personas, hasta que, el cuarto Concilio de Letrán en 1215, se les prohibió a los miembros del clero, realizar ese procedimiento, para evitar que se contaminaran en el derramamiento de sangre causado. Entonces, los barberos de la época, que ya manejaban muy bien la cuchilla y la navaja, además, hacían extracción de dientes y muelas; tomaron el oficio de cirujanos, para realizar cualquier operación quirúrgica. Los peluqueros, pasaron de ser ayudantes de los monjes en las cirugías, a ser encargados por completo del oficio de cirugía.
Producto de esta nueva profesión, en 1540, el rey Enrique VIII, creó en Londres la compañía de barberos-cirujanos. Dentro de las funciones que tenía este gremio, estaba la de tomar los cadáveres de criminales para capacitarse en anatomía.
Esa entidad permaneció durante varios siglos, hasta que, a mediados de 1900, empezó la separación de la cirugía de las barberías, para convertirse en una ciencia académica, lo que dio lugar al nacimiento de los médicos cirujanos. No solo en Europa existió esa combinación, también, en la India, hay evidencias históricas de que, los que cortaban el pelo y rasuraban las barbas, hacían las funciones quirúrgicas.
Resulta que, habrá que agregar a la historia, a República Dominicana, como otro de los países que recurre a esa antigua práctica de realizar operaciones, en este caso cirugía estética, en las barberías. La misma persona que te raspa la cabeza o la barba, también, te reduce el abdomen, la papada o los senos y, de ñapa, te manda al cementerio, como quizás, pudo ocurrirle a muchos europeos e indios.
Lamentablemente, Rebeca Brizard, de 28 años, perdió la vida como muchas otras que se han sometido a procedimientos estéticos sin el asesoramiento indicado para tener éxito en su objetivo de, “lucir un mejor cuerpo”, con el agravante, que esta joven mujer de nacionalidad haitiana, cometió el error de poner su cuerpo en manos de un simple peluquero, como ocurría en la Edad Media, para que le practique tan delicada cirugía.
Como reza el titular “Uno se ríe, pero, es verdad”, también, las autoridades deben ponerse serias en este asunto a la hora de ejercer vigilancia y control; este caso nos deja en ridículo ante el mundo, que exhibe los más sofisticados equipos médicos, con tecnología de punta y que cualquiera tiene acceso, para que aquí se esté permitiendo que un peluquero de barrio realice esa barrabasada.
El Viaducto.NET El Tren Informativo del Mundo