Atraídos por promesas de sueldos en dólares y puestos de trabajo técnico, al menos un centenar de dominicanos ha terminado con un fusil en la mano en el conflicto armados contra Ucrania. Sus familias exigen un rescate urgente.

SANTO DOMINGO. — Lo que comenzó como un clic de esperanza en una pantalla de celular para escapar de la pobreza en Bajos de Haina terminó convertido en una pesadilla a casi diez mil kilómetros de distancia. Jesús Campusano, un soldador de 52 años, pensó que viajaba a Rusia para ejercer su oficio a cambio de un salario tentador en dólares. Hoy, según los desesperados mensajes que logra enviar a su familia, se encuentra vistiendo un uniforme militar y aguarda en una base a ser desplegado en la primera línea de combate contra Ucrania.
El caso de Campusano no es un hecho aislado. La Comisión Nacional de Derechos Humanos contabiliza que hasta cien dominicanos han sido reclutados bajo esquemas de engaño similares, sumados a unos 50 que habrían acudido de manera voluntaria.
La trampa del idioma y el despojo de documentos
El modus operandi de estas redes internacionales de tráfico de personas aprovecha la vulnerabilidad económica de trabajadores técnicos y publicistas. Las víctimas reciben invitaciones para supuestos intercambios culturales o contratos laborales.
Sin embargo, la realidad cambia drásticamente al pisar suelo ruso. Al llegar al aeropuerto de ciudades como Kazán, a los reclutados se les presentan contratos redactados exclusivamente en ruso.
Incapaces de entender el idioma, firman bajo presión sin saber que están formalizando su ingreso voluntario a las Fuerzas Armadas de Rusia. Acto seguido, la red les despoja de sus pasaportes y los traslada a campos de entrenamiento militar, donde se les hace creer en un principio que recibirán formación policial.
Desesperación en las familias dominicanas
En las calles de Bajos de Haina, la angustia se ha vuelto cotidiana. Cristina Campusano, hermana de Jesús, relata con voz quebrada que la comunicación es sumamente escasa y que la semana pasada su hermano le advirtió por WhatsApp que «se lo iban a llevar para la guerra a pelear».
«Necesito que las autoridades correspondientes me ayuden, porque nosotros estamos desesperados y quiero que nos regresen a nuestro hermano», suplica Cristina.
Una historia similar vive Jaqueline del Carmen Feliz, madre de Maico Enrique Campusano, un joven de 33 años que viajó bajo la promesa de trabajar como publicista tras hacer escala en Panamá y Estambul. Hoy pasa jornadas enteras bajo duro entrenamiento militar de cuatro de la mañana a seis de la tarde. Su madre rechaza la resignación: «Él no es ruso ni ucraniano para estar allá. A la guerra solo se va a morir».
La respuesta de las autoridades y la diplomacia
El presidente Luis Abinader abordó la problemática durante su reciente agenda en Nueva York, confirmando la identificación de al menos 20 dominicanos cooptados bajo engaños y asegurando que existe una investigación en marcha. Abinader instó a la ciudadanía a verificar minuciosamente cualquier oferta internacional antes de firmar compromisos en el extranjero.
Mientras tanto, la Embajada de Rusia en Bogotá colocó avisos en sus instalaciones aclarando que no gestionan contratación de personal extranjero para el servicio militar, remitiendo las inquietudes a las cancillerías de la región. Mientras los trámites diplomáticos avanzan a paso lento, decenas de familias en la República Dominicana cuentan los minutos esperando volver a abrazar a sus parientes.
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