Aunque la mayoría de los tutores dice rechazar la violencia como método de enseñanza, los datos demuestran una preocupante brecha entre el discurso y la realidad del hogar.

Hay paradojas que duelen en el alma colectiva de un país, y esta es una de ellas. Mientras una inmensa mayoría de las familias dominicanas asegura estar en contra del golpe como herramienta pedagógica, la cotidianeidad dentro de los hogares cuenta una historia muy distinta y dolorosa.
En el marco del Día Nacional de los Derechos de la Niñez, un nuevo informe conjunto reveló una brecha profunda entre la percepción y la práctica de la crianza en República Dominicana.
Una contradicción que impacta a la infancia
Los datos de la encuesta ENHOGAR-MICS 2025, presentados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y UNICEF, señalan que solo el 12.1 % de los cuidadores —aproximadamente uno de cada ocho— considera necesario el castigo físico para educar.
Sin embargo, la realidad aplasta la teoría: el 54.9 % de los niños y niñas de entre 1 y 14 años experimentó algún método violento de disciplina en su entorno familiar.
El reto de transformar la disciplina en el hogar
Esta disparidad evidencia que la violencia verbal o física sigue estando fuertemente arraigada en las pautas de crianza, a menudo aplicada de forma impulsiva o por falta de herramientas alternativas de manejo de conducta.
Para los especialistas en derechos de la infancia, el desafío no solo radica en cambiar el pensamiento de los padres, sino en acompañarlos con políticas públicas efectivas que promuevan una disciplina positiva y libre de maltrato.
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