A casi diez meses de iniciar el cierre técnico del vertedero de Duquesa, los residentes experimentan una drástica reducción de humos y malos olores. Sin embargo, el deterioro de la vía principal mantiene en vilo a una comunidad que exige soluciones viales urgentes antes de la transformación recreativa prometida para el 2027.

Un respiro ambiental tras décadas de contaminación
Transcurridos diez meses desde el inicio oficial del cierre técnico del vertedero de Duquesa, el panorama en los sectores colindantes ha dado un giro radical. El denso humo y los penetrantes olores que durante años afectaron la salud de miles de comunitarios han comenzado a disiparse gracias a los trabajos de perfilado técnico, el sellado de capas de basura y la contención de lixiviados.
El proyecto, respaldado por organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), no solo busca frenar el daño ambiental, sino también devolverle el espacio a la ciudadanía. Las proyecciones oficiales apuntan a que la primera fase de esta transformación convertirá el terreno en un complejo recreativo con áreas verdes, canchas y zonas de esparcimiento para inicios del año 2027.
La pesadilla vial: una vía inservible que frena el entusiasmo
Pese a los logros en materia de saneamiento del aire y control de gases, el descontento de los residentes persiste debido al abandono de las infraestructuras viales. El paso constante de cientos de camiones pesados ha destruido por completo la carretera principal de acceso, volviéndola intransitable para los lugareños.
Los comunitarios exigen al Gobierno que las obras de acondicionamiento de las vías de acceso no queden rezagadas frente a las labores técnicas internas. Para los vecinos, la verdadera recuperación de la zona solo estará completa cuando el progreso ambiental camine de la mano con calles dignas y seguras.
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