El Banco Mundial proyecta un desempeño regional moderado, con una marcada brecha entre el impulso de los líderes del Caribe y la desaceleración de las grandes economías.

El horizonte económico de América Latina y el Caribe para 2027 dibuja un panorama de contrastes evidentes. Mientras el promedio regional muestra una dinámica condicionada por la inflación persistente, los costos de endeudamiento y el reducido margen fiscal, un selecto grupo de países logra despegar y situarse muy por encima de la media.
En la cima absoluta de las proyecciones se mantiene Guyana, cuyo auge petrolero le permitirá registrar una impresionante expansión del 18,7 % este año. Por su parte, República Dominicana consolida su posición entre las economías más dinámicas y de mayor estabilidad en la región, acompañando a Paraguay en el bloque de vanguardia.
Los motores del crecimiento regional
El análisis del organismo multilateral destaca que el empuje de economías como la dominicana responde a una combinación de mayor atracción de inversión y al mantenimiento de políticas macroeconómicas sólidas.
En este grupo de desempeño sobresaliente también destacan países como El Salvador y Panamá, que continúan registrando tasas de expansión sostenidas que superan con solvencia el promedio regional.
El comportamiento de las grandes economías
Por otro lado, los gigantes económicos del continente muestran un ritmo mucho más prudente en 2027:
- Brasil: Proyecta una expansión del 1,7 %, afectado por condiciones monetarias restrictivas.
- México: Registra un leve repunte con un avance estimado del 1,8 %.
- Argentina: Muestra un proceso de aceleración al alcanzar un 3,0 % de crecimiento.
- Chile y Perú: Se sitúan con repuntes del 3,0 % y proyecciones moderadas que impulsan la actividad en el Cono Sur.
Este menor dinamismo en los mercados más grandes de la región se atribuye principalmente a una menor contribución de la inversión pública y a la persistencia de tasas de interés elevadas.
Riesgos y factores de incertidumbre
A pesar del repunte esperado en varios países, el Banco Mundial advierte que persisten riesgos globales y climáticos capaces de condicionar el desempeño final. La volatilidad en los precios de los energéticos, el impacto eventual de fenómenos meteorológicos como El Niño y los altos niveles de deuda continúan limitando el crédito.
Estas condiciones dificultan una aceleración de la inversión social y representan un desafío constante para reducir la pobreza a mayor velocidad en la región.
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