Una violenta tormenta dejó calles sumergidas, árboles derribados y a miles de familias sin energía eléctrica en el noreste de Estados Unidos.

Navegar para sobrevivir en la Gran Manzana
Las calles de Nueva York cambiaron los taxis amarillos por remos y embarcaciones ligeras. Tras el paso de un feroz Nor’easter, varios sectores de la metrópoli quedaron completamente bajo el agua, obligando a decenas de residentes a desplazarse en kayaks por avenidas transformadas en verdaderos ríos urbanos.
El fenómeno meteorológico castigó con dureza el noreste de los Estados Unidos, combinando lluvias torrenciales y ráfagas de viento de gran intensidad. La fuerza del temporal derribó árboles y líneas de alta tensión, dejando a cerca de 100.000 hogares a oscuras y paralizando el tránsito en múltiples zonas residenciales.
Alerta máxima en las zonas costeras
El impacto de la tormenta no tomó por sorpresa a los meteorólogos, quienes ya habían emitido advertencias por inundaciones costeras. Las autoridades locales focalizaron los mayores riesgos en puntos vulnerables como la costa este de Staten Island, los Rockaways y las inmediaciones de Jamaica Bay.
Ante el avance del frente tormentoso, los cuerpos de emergencia instaron a los ciudadanos a asegurar objetos al aire libre, reubicar sus vehículos fuera de las áreas propensas a anegamientos y evitar a toda costa los sótanos, uno de los puntos más peligrosos durante este tipo de eventos. A pesar de los avisos previos, el volumen de agua acumulado superó la capacidad del drenaje urbano, dejando postales insólitas en la ciudad.
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