Un exjefe militar de Haití advierte que el contingente de El Salvador desplegado en Puerto Príncipe tiene bajas probabilidades de éxito debido al desconocimiento crónico del terreno y a la falta de un entendimiento profundo de la realidad criminal local.

La reciente llegada de un contingente militar de El Salvador a Puerto Príncipe, enviado estratégicamente para apoyar en las labores de búsqueda de cuatro técnicos aeronáuticos salvadoreños desaparecidos tras una violenta emboscada, ha abierto un profundo debate sobre la efectividad de las misiones extranjeras en suelo haitiano. Para el coronel retirado Himmler Rebu, excomandante de fuerzas especiales del ejército de Haití, las estrategias foráneas basadas en doctrinas de guerra convencional están condenadas al fracaso en este laberinto caribeño.
Un desafío marcado por el desconocimiento del terreno
La desaparición de los uniformados salvadoreños —adscritos a la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) y emboscados en la peligrosa zona de Santo, en Croix-des-Bouquets— pone al descubierto la extrema vulnerabilidad con la que operan los cuerpos internacionales. Según el análisis de Rebu, el hecho de haber superado las 72 horas críticas desde el ataque sin obtener rastro alguno demuestra que las fuerzas extranjeras caminan a ciegas frente a estructuras criminales que controlan y conocen cada rincón de la capital.
El exjefe castrense subrayó que ignorar la idiosincrasia, los códigos de comunicación y la geografía urbana de Haití anula cualquier ventaja táctica inicial, convirtiendo el rescate en una tarea de alto riesgo.
Poder oculto, financiación y el laberinto electoral
Más allá de la violencia explícita que ejercen las bandas armadas, el trasfondo del conflicto responde a intereses mucho más oscuros y estructurales. Rebu denunció que estos grupos criminales, formados en su mayoría por jóvenes empobrecidos, reciben un flujo constante de armas y municiones de alto calibre financiadas por élites políticas y económicas que se benefician directamente del caos institucional.
Esta red de complicidades golpea directamente la estabilidad democrática del país. Aunque el calendario oficial fijaba el 13 de diciembre para la primera vuelta de las elecciones presidenciales y legislativas, la Comisión Electoral analiza modificaciones inminentes. Para expertos locales, celebrar comicios libres bajo el control absoluto de las pandillas es una ilusión peligrosa, prolongando la crisis humanitaria y de seguridad que afecta a más de 12 millones de habitantes.
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