El bloqueo de fertilizantes y el encarecimiento energético amenazan las cosechas mundiales y la estabilidad de los precios de los alimentos de cara al cierre de año.

La agricultura global ha sufrido un fuerte impacto durante los primeros seis meses del conflicto en Irán, impulsado fundamentalmente por el encarecimiento desmedido de los fertilizantes y de los energéticos. Las graves consecuencias en las cadenas de suministro y en el rendimiento de las cosechas podrían intensificarse peligrosamente a lo largo de los próximos meses y extenderse hasta el año 2027.
Esta compleja coyuntura internacional se suma a las tensiones persistentes derivadas del enfrentamiento bélico en Ucrania y a los estragos provocados por un año de temperaturas extremas que continúan castigando duramente al sector agrícola internacional.
Colapso comercial en Ormuz y repercusiones regionales
La región del golfo Pérsico concentra entre el treinta y el treinta y cinco por ciento de las exportaciones mundiales de urea, además de una proporción similar de amoniaco. Con el cierre estratégico y la paralización del tráfico comercial en el estrecho de Ormuz, los mercados internacionales enfrentan barreras severas que afectan directamente a los países importadores de abonos y granos esenciales.
Organismos multilaterales como la OCDE y la FAO han advertido que el descenso en la producción agrícola global provocará un encarecimiento generalizado, afectando de manera asimétrica a las distintas economías del planeta según su dependencia de dichos insumos clave.
Alertas inflacionarias y soberanía alimentaria
En naciones como España, los productores agrarios han afrontado las campañas más costosas de su historia reciente debido a la dependencia histórica de los mercados externos de fertilizantes, lo que ha motivado movilizaciones sectoriales en demanda de mayor rentabilidad.
Mientras los expertos económicos señalan que el impacto pleno en la cesta de la compra aún está por materializarse, los representantes gremiales insisten en la necesidad urgente de fortalecer la soberanía alimentaria mediante el impulso firme de la producción interna de abonos y la ampliación de ayudas gubernamentales extraordinarias.
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