El panorama energético de Venezuela da un giro drástico en medio de grandes expectativas y profundas dudas. Tras el anuncio de un polémico convenio que otorga a Estados Unidos el control mayoritario sobre una vasta porción de las reservas nacionales, la mandataria interina Delcy Rodríguez salió al paso para calmar las aguas.

En un discurso transmitido por la televisión estatal, Rodríguez afirmó de manera categórica que el país conservará la propiedad y la soberanía absoluta de los 17 campos estratégicos incluidos en el pacto, el cual contempla una meta de producción diaria de 1,5 millones de barriles.
Entre la esperanza económica y el escepticismo ciudadano
El acuerdo impulsado por Washington busca reactivar la industria petrolera venezolana tras años de profunda crisis y sanciones. Sin embargo, en las calles de Venezuela los ánimos están divididos entre el anhelo de un respiro financiero y la desconfianza histórica. Mientras algunos ciudadanos ven con cautela la llegada de capital extranjero, expertos en la materia advierten que los beneficios reales tardarán varios años en reflejarse en los bolsillos de la gente.
Por su parte, analistas económicos señalan que, a pesar de las duras condiciones de la negociación, la explotación conjunta representa una alternativa necesaria para rescatar una infraestructura que actualmente carece de los recursos suficientes para operar a su máxima capacidad.
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