El célebre intérprete cubano-mexicano, rostro fundamental de melodramas icónicos como Lazos de amor y Rosa Salvaje, falleció dejando tras de sí más de medio siglo de trayectoria artística.

Ciudad de México.- La televisión hispanoamericana despide a uno de sus rostros más queridos y reconocibles. El actor Otto Sirgo falleció este martes en Ciudad de México a los 79 años, según confirmó la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI). Con su partida, la industria del entretenimiento pierde a un referente indispensable de la época dorada de los melodramas internacionales.
Aunque las instituciones gremiales no precisaron las causas de su deceso, la noticia generó de inmediato una ola de condolencias entre colegas, cadenas de televisión y espectadores que crecieron viéndolo en la pantalla chica.
Una dinastía moldeada para el escenario
Nacido en La Habana, Cuba, el 19 de diciembre de 1946, Otto Sirgo llevaba la actuación inscrita en su ADN. Creció en el seno de una familia volcada por completo al arte dramático: su padre, el actor cubano Otto Sirgo, y su madre, la actriz mexicana Magda Haller, le transmitieron desde la infancia la pasión por el oficio.
A ese linaje se sumó la figura de su abuela materna, Conchita Gentil Arcos, figura clave del cine de oro mexicano que compartió créditos con leyendas de la talla de Germán Valdés «Tin Tan».
Con ese equipaje familiar, Sirgo no solo abrazó la actuación, sino que la convirtió en una carrera prolífica que se extendió durante más de 50 años, abarcando medio centenar de telenovelas y decenas de obras teatrales.
El rostro emblemático de la telenovela
El nombre de Otto Sirgo quedó grabado en la memoria colectiva gracias a personajes memorables. Imposible olvidar su interpretación de Eduardo Rivas en Lazos de amor (1995-1996), donde compartió pantalla con la cantante y actriz Lucero en uno de los momentos cumbres de su carrera.
Su versatilidad le permitió navegar con elegancia entre héroes y villanos sofisticados en producciones masivas como Rosa Salvaje, Niña amada mía, Sortilegio y Por un beso. Su presencia en pantalla era garantía de sobriedad y carisma, atributos que lo convirtieron en un favorito indiscutible de la audiencia latinoamericana.
Sus últimos años y la despedida de un grande
En sus apariciones públicas más recientes, el propio Sirgo había compartido con soltura detalles sobre sus quebrantos de salud y la huella emocional que le dejó la muerte en 2020 de su esposa, la también actriz Mareli Morales, con quien compartió casi cinco décadas de vida.
La Asociación Nacional de Actores de México también se sumó a los homenajes, destacando la disciplina y elegancia con la que Sirgo dignificó el trabajo actoral. Con su deceso, se apaga la luz de un intérprete clásico cuya voz e imagen quedarán eternamente ligadas a la historia de la televisión contemporánea.
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