Un miembro del buró político del grupo rebelde hutí de Yemen encendió las alarmas diplomáticas al advertir sobre una supuesta estrategia internacional diseñada para desestabilizar a tres potencias clave de la región: Egipto, Turquía y Pakistán.

Según la denuncia expresada por Mohammed Al-Farah, integrante de la cúpula política del movimiento insurgente, Washington y Tel Aviv buscan arrastrar a estas tres naciones a conflictos internos y guerras para debilitar su influencia y facilitar el control geopolítico en Oriente Medio.
¿Un plan para desestabilizar la región?
El dirigente yemení aseguró, en declaraciones recogidas por el medio Nour News, que tras los recientes ataques registrados contra Irán, la atención de las potencias occidentales y sus aliados se ha enfocado en neutralizar a otros actores regionales de peso. En este supuesto plan, sostuvo Al-Farah, también estaría involucrada Arabia Saudita.
La tesis planteada por el grupo rebelde sostiene que la capacidad militar, la estabilidad económica y el peso político de El Cairo, Ankara e Islamabad representan un obstáculo directo para las pretensiones de Israel. Por esta razón, la estrategia no comenzaría con un ataque militar abierto, sino con el desgaste desde adentro.
Tensiones internas y desgaste del tejido social
Al-Farah detalló que el objetivo central de esta maniobra sería erosionar el tejido social de los tres países, fomentando fracturas políticas e impulsando tensiones constantes entre los gobiernos y sus propias poblaciones.
De acuerdo con la advertencia del funcionario hutí, una vez debilitada la estabilidad interna de Egipto, Turquía y Pakistán, se prepararía el terreno para que Estados Unidos e Israel los conviertan formalmente en objetivos directos de su agenda militar en la región.
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