La tensión en el norte de Europa escaló de forma significativa luego de que Moscú lanzara una advertencia directa contra la OTAN. El gobierno ruso aseguró que la instalación de sistemas de misiles estadounidenses de alcance medio e intermedio en territorio noruego representa una amenaza directa y directa a su seguridad nacional, por lo que advirtió que dichos puntos se han convertido en objetivos militares prioritarios.

Una escalada peligrosa en la frontera nórdica
La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, María Zajárova, no se guardó nada al calificar esta medida como un eslabón más en la «cadena interminable de acciones agudamente desestabilizadoras» impulsadas por la Alianza Atlántica. Según la diplomática, la intención de la organización militar de obtener capacidad para golpear la profundidad del territorio ruso ya no se oculta, sino que se exhibe sin filtros.
El centro de la polémica gira en torno al despliegue de sistemas basados en celdas de lanzamiento Mk-41, capaces de disparar misiles de crucero Tomahawk y proyectiles SM-6. Imágenes recientes confirmaron la llegada de un Sistema de Lanzamiento Contenorizado (CLS) a la ciudad noruega de Trondheim, en el marco de ejercicios militares conjuntos, desatando la furia del Kremlin.
La respuesta militar del Kremlin
Ante este panorama, Zajárova fue categórica al señalar que los enclaves de despliegue y toda la infraestructura de apoyo norteamericana pasarán a formar parte de la «especial atención» de las fuerzas de disuasión estratégica rusas. Esto implica que ya se contempla su neutralización dentro de la planificación de combate ante cualquier escenario de conflicto armado.
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