Gobernar rara vez da tregua, y si no que lo diga el presidente Abelardo de la Espriella, quien cumple su primer mes al frente del mandato presidencial en medio de pruebas de fuego que marcaron el pulso de su administración desde el día uno. Lejos de la planeación tradicional, sus primeras semanas combinaron gestión de desastres, un golpe de timón en seguridad y una ruptura evidente con el estilo de su antecesor, Gustavo Petro.

Fuentes del Ejecutivo destacan la energía del mandatario y su constante necesidad de mostrar resultados en tiempo real, rememorando el lema de trabajo continuo del expresidente Álvaro Uribe. El contraste con el pasado es total: jornadas intensas, exigencia con la puntualidad de sus funcionarios y una alta exposición en redes sociales para visibilizar la gestión institucional.
1. El terremoto que puso a prueba al Gobierno
La primera gran crisis estalló a solo tres días de su posesión. El 10 de agosto, un sismo de magnitud 7,4 sacudió el país dejando más de 300 víctimas mortales y cuantiosos daños materiales.
El mandatario debió trasladarse de urgencia desde Barranquilla para coordinar los puestos de mando unificados. Aunque su despliegue en terreno fue constante, algunos episodios generaron polémica digital, como su efusivo saludo con besos al aire antes de una rueda de prensa o el reparto de balones de fútbol con el logotipo de su partido político desde una camioneta en Buenaventura.
2. Gobernar desde Barranquilla y apostar por la descentralización
Una de las particularidades de este arranque ha sido el rol de Barranquilla como sede de facto de la actividad presidencial. Tras mandar a remodelar el batallón Paraíso, el Ejecutivo ha defendido la descentralización como un mensaje simbólico de que el poder no se ejerce únicamente desde los despachos capitalinos en Bogotá.
3. Un giro contundente en la seguridad y combate al crimen
La seguridad regresó al centro de la agenda estatal con la reactivación de bombardeos y el desmantelamiento de los beneficios de la «paz total». El golpe más sonado de este primer mes ocurrió con la caída de Naín Andrés Pérez Toncel, alias «Bendito Menor», cabecilla de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada.
El estilo punitivo del Gobierno se refleja en la presentación de arsenales incautados y operativos de alto impacto, recordando a estrategias de carácter firme que buscan infundir temor en los grupos armados al margen de la ley.
4. Borrón y cuenta nueva con la herencia de Petro
El desmonte de los procesos de diálogo se oficializó a finales de agosto. Además, de la mano del vicepresidente José Manuel Restrepo, el Gobierno presentó el denominado “Libro de la verdad”, un compendio de 80 hallazgos e irregularidades administrativas heredadas de la administración anterior que ya están bajo la lupa de las autoridades competentes.
5. El pulso por el Estado laico y los símbolos religiosos
La impronta religiosa del mandatario —marcada por constantes referencias a Dios y la frase «¡Viva Cristo Rey!»— generó fricciones legales. Un tribunal de Bogotá falló en contra del carácter religioso de la ceremonia de posesión por violar la neutralidad laica del Estado. Aunque el presidente acató el fallo en una alocución dominical, reafirmó públicamente sus convicciones personales.
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