La paciencia de los ciudadanos parece haber llegado a su límite frente a las oficinas de distribución eléctrica. Decenas de usuarios abarrotaron recientemente una sucursal de Edesur para manifestar su profunda indignación ante lo que consideran facturas impagables que no se corresponden con la realidad del servicio.

Entre reclamos, aplausos colectivos dentro de las instalaciones y un malestar generalizado, la ciudadanía volvió a poner sobre la mesa una vieja herida del sistema eléctrico dominicano: pagar tarifas cada vez más elevadas mientras se continúa sufriendo de apagones intermitentes.
Facturas elevadas y un servicio deficiente
El dilema que denuncian los abonados es evidente. Por un lado, las familias enfrentan cobros mensuales que califican de excesivos; por el otro, la inestabilidad del servicio eléctrico golpea la economía doméstica y comercial sin tregua.
Ante este panorama, surgen cuestionamientos ineludibles que la empresa distribuidora debe aclarar: ¿bajo qué criterios se están calculando los consumos actuales?, ¿por qué suben las tarifas en medio de recurrentes interrupciones?, y ¿cuáles son los mecanismos reales para apelar cobros incorrectos?
Un reclamo de justicia y tarifas justas
La exigencia de la población es clara y directa. Nadie pide un servicio gratuito, sino justicia tarifaria y eficiencia. Las autoridades y la empresa tienen el reto ineludible de transparentar los procesos de facturación para devolver la tranquilidad a miles de hogares afectados.
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