Albert Aracena acudió a divertirse a la piscina New York Grill en Hincha y nunca regresó. Para proteger una inversión millonaria tras hallarlo muerto, los administradores compraron cal, contrataron a un jornalero y enterraron el cadáver clandestinamente. Veintiún días después, la verdad salió a la luz tras la intervención judicial.
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